El ascenso de los Habsburgo en Europa

Entre 1450 y 1550, dos dinastías tienen la fortuna de ampliar enormemente su dominio patrimonial: la casa francesa de Valois y la casa alemana de Habsburgo. Nunca, desde los tiempos de los grandes emperadores carolingios o de los otónidas, un solo príncipe había gobernado sobre tantas tierras en Europa como Enrique II de Francia o Carlos V de Austria. Ahora bien, este incremento patrimonial no es exclusivo de ambas familias. Los miembros de una dinastía de origen lituano, los Jagellón, serán, durante los años 1490-1526, reyes de Lituania-Polonia y de Hungría-Bohemia. Tales asociaciones son normales y responden a alianzas de intereses entre las respectivas altas aristocracias más que a una realidad <>. Noruega, Suecia y Dinamarca comparten un mismo rey desde 1397 (Unión de Kalmar) hasta la separación de Suecia en 1523.

El azar de contar con una descendencia masculina continuada enaltece y consolida a unas casas, mientras a otras las relega al olvido. La dinastía alemana de los Habsburgo ha sido, sin duda, una de las más afortunadas en este sentido. Aunque sus posesiones familiares en el extremo sureste del Sacro Imperio (Austria, Estiria, Carintia, Carniola, Tirol) no sean especialmente ricas ni populosas, la memoria de la <> ha perdurado hasta la ruptura del Imperio austro-húngaro después de la I Guerra Mundial. Por el contrario, la dinastía castellana de los Trastámara. por falta se sucesión masculina, se extingue pronto, aunque su obra permanece. Por una serie de azares dinásticos, Carlos de Habsburgo, nacido en Gante, reúne una formidable herencia. Su padre, Felipe el Hermoso, señor de los Países Bajos, muere en 1506. Su madre, Juana de Trastámara (la Loca), pronto demuestra que nunca podrá reinar en Castilla, y le asocia en el gobierno(1516). Este mismo año, su abuelo materno, Fernando el Católico; rey de Aragón, le nombra heredero universal. Y, poco después, muere su otro abuelo, el emperador Maximiliano (1519), con lo que Carlos recibe también los territorios patrimoniales de la casa de Austria. Todo ello le convierte, además, en el candidato más firme para ser elegido emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, como así ocurre en 1519. Tal asociación dinástica, personal, de territorios distintos, hace de Carlos el príncipe más poderoso de Occidente. Algunos llegan a creer que la providencia ha suscitado un nuevo lider de la crisitiandad, para que arbitre la paz entre los príncipes cristianos y dirija la lucha contra el infiel. Porque Solimán, el joven sultán turco (1520), ha heredado un imperio todavía más formidable que el de Carlos.

Fernando, hermano menor del emperador Carlos, nacido en Alcalá de Henares, también contribuye al engrandecimiento de la familia Habsburgo. En 1522, Carlos le confía la dirección de sus dominios en Alemania, y le casa con una princesa húngara, Ana Jagellón, hermana de Luis II, rey de Hungría y de Bohemia. En 1526, en la batalla de Mohács contra los turcos, muere Luis II. Entonces, una facción de los nobles húngaros elige rey a Fernando de Austria, que también es proclamado rey por la dieta de Bohemia. Y aunque los dominios de Carlos V y de su hermano Fernando siguen destinos diferentes, la alianza familiar y diplomática de los Austrias de Viena y de los de Madrid es permanente durante los siglos XVI y XVII,

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